Necesito una voz que me suplique en las profundas heridas del silencio, una voz que alivie mi alma y me dicte los versos. Necesito una pausa, un crujir de los límites del tiempo, que las olas se detengan a golpear cada rincón de un desierto, un lecho de eternidad. Pero un dulce pestañear de sus labios me hace levantar la mirada para sentir que vuelvo.
Un mundo inerte sin el tacto de un cuaderno, un alma desbordada en renglones, una grieta en las yemas de mis dedos que no cesa de sangrar con pinceladas de acero. Una pasión de mi propio ser, un leve cosquilleo en las sienes que me hace conocerme más que lo que nadie ha conocido nunca de mi.
Cierro los ojos y los vuelvo a abrir, siento que vuelvo, que vuelvo a jugar con las palabras como las nubes juegan en el cielo, que soy un observador del mundo, que puedo redactar con un puño que se muerde las lágrimas para seguir despierto, que soy un oasis en la inspiración, que puedo empuñar una palabra y alzarla al viento, que mendigo imágenes de mi propio ser y hechizos de recuerdos, que vuelvo a soñar y sueño despierto.
VAYA TELA, DONATELLA!!!!