Luce la oscuridad, las noches frías y húmedas de invierno, luce el parnasianismo del mundo y la música de la lluvia invade cada sentimiento, ahora muero sin musa, sin cielo azul ni nubes de hielo, ahora hielo cada imagen y continúo versos:
Dónde estás cielo estrellado,
estrellado en un tormento.
Dónde las raíces ebrias
nacidas en mi esperpento.
Un enigma de pasiones
un trueno de estamento.
Luz amarga en cada pétalo
quemada en el friolento
oscurecer de un desierto,
en un verso fraudulento.
Palabras que se enredan
mientras pierdo pigmento,
no siento, perece el verso
decae el alma de talento.
El arte por el arte hace que se enfríen mis sueños en el monte parnaso de mi silencio. No extraigo imágenes, no me identifico, al margen de mis sentidos, sólo se escucha el ronronear del miedo a no sentir, miedo a estar vacío, a estar lleno de palabras y tan sólo escribir versos.
Sin musa, sin el hedor de sentirme atado y ser libre, de estar despierto en mi mundo de palabras, en las imágenes que creo. Ser el dios de mi propia alma sin estar amarrado al miedo, ni pecar por ser incrédulo de emociones, ni ser desterrado de mi cuerpo, acechado por ilusiones ópticas que no hacen más que invadir cada palabra, y así dude sobre lo que siempre he sido.