La palabra, arma que despierta pasiones, arma que desencadena la guerra, la paz. La palabra, género que da sentido a mi alma, que despierta mis pasiones ocultas en los recuerdos y en la esperanza. La palabra traidora de mis emociones muertas en el desengaño de la nada. La palabra que me muestra el deseo de mi corazón, que indeciso camina mediante la palabra en busca de las letras por alguna razón que no entiendo, y mi corazón incomprendido sigue soñando entre los versos que crean las palabras, suspirando al cielo, escuchando a mi alma, acariciando los rincones oscuros y muertos de mi ilusión.
La palabra respira, camina por si misma entre los fantasmas que me dictan los versos en la inspiración, la palabra es un fantasma que envejece junto al alma meditando en los amores, en los sueños, disfrutando de mis emociones, poseyendo mi cuerpo y dejándome ser un gladiador, que luche entre los versos y el alma, entre dos bandos con las armas del amor.
Yo poseo el don de la palabra, yo poseo un arma de fuego que calcina y elimina mis miedos dejándome ser un ganador, ofreciéndome la gloria y el cielo, en un universo muerto, en un infierno impulsado por demonios que no sienten mi pasión, ni las emociones que gradúan mis palabras, ni mis versos, solo se limitan a observar como aves rapaces que observan a su presa, porque son carroñeros de emociones, insensibles e incapaces de percibir mis conclusiones y por ello mis palabras sordas son.
