La palabra

La palabra, arma que despierta pasiones, arma que desencadena la guerra, la paz. La palabra, género que da sentido a mi alma, que despierta mis pasiones ocultas en los recuerdos y en la esperanza. La palabra traidora de mis emociones muertas en el desengaño de la nada. La palabra que me muestra el deseo de mi corazón, que indeciso camina mediante la palabra en busca de las letras por alguna razón que no entiendo, y mi corazón incomprendido sigue soñando entre los versos que crean las palabras, suspirando al cielo, escuchando a mi alma, acariciando los rincones oscuros y muertos de mi ilusión.
La palabra respira, camina por si misma entre los fantasmas que me dictan los versos en la inspiración, la palabra es un fantasma que envejece junto al alma meditando en los amores, en los sueños, disfrutando de mis emociones, poseyendo mi cuerpo y dejándome ser un gladiador, que luche entre los versos y el alma, entre dos bandos con las armas del amor.
Yo poseo el don de la palabra, yo poseo un arma de fuego que calcina y elimina mis miedos dejándome ser un ganador, ofreciéndome la gloria y el cielo, en un universo muerto, en un infierno impulsado por demonios que no sienten mi pasión, ni las emociones que gradúan mis palabras, ni mis versos, solo se limitan a observar como aves rapaces que observan a su presa, porque son carroñeros de emociones, insensibles e incapaces de percibir mis conclusiones y por ello mis palabras sordas son.

Mi primera censura

¿Por qué somos infieles, poesía?

Cuando escribo mis manos incomprendidas, golpean con la tinta la virginidad del papel, danzan al ritmo de la música que me inspira, todo mi mundo se desvanece, se marchita tras las letras que llenan el blanco infértil, escribo para ser dueño de mis sensaciones, encadenándolas en palabras, para que no se vayan, porque siento que al no escribir todo en esta vida se me escapa.

 

Tus ojos derraman mis sentimientos, las lágrimas desconsoladas florecen de pasiones que no son más que sueños, donde tus caricias me alejan de la vida, donde puedo crear un mundo feliz que me detenga junto a ti.

 

Una dulce pasión sigue junto a mí, desgastando mis sentimientos cuando hago el amor con tus palabras, desatando mis lágrimas. Invadiendo tu cuerpo nos fundimos como el plomo y el hierro, y entonces siento que estoy dentro de ti, cuando cada verso crea un orgasmo recorriendo mi cuerpo, ¿quién ha dicho que eso no es hacer el amor? ¿Por qué ni yo soy tuyo y tú no eres mía? ¿Por qué somos infieles, poesía?

 

 

Lo escrito anteriormente me fue censurado por su alto contenido de oscenidad, por palabras como “orgasmo” o “hacer el amor”, yo como respuesta escribí un poema defendiendo a la poesía y me fue publicado. Respuesta a mi censura….

 

Dime donde sobran las palabras

Y se funden las letras,

Con el viento vuelan,

Se alejan como hojas secas

Que arden en el fondo del alma.

 

Cenizas de emociones calcinadas.

 

Dime que versos se pierden en la guerra

Por balazos en el corazón de las metáforas,

Como se pierden las caricias etéreas

Y tan sólo una imagen de lo que era,

Es lo que queda.

 

Dime por qué mueren los poemas

Como mueren las rosas que se marchitan,

Como fallecen jóvenes y ancianos

Y se derrumban monumentos construidos

Piedra a piedra, letra a letra.

 

Dime por qué las parcas

Cortan los hilos de las palabras.

 

Por qué muere la poesía,

La poesía es alma plasmada,

Palabras que tienen cuerpo y vida.